sábado, junio 16, 1990

Sin estrujar los hombros en perpetuo quizá,
ni guiñarme las manos,
vacía mis lagunas
si rozo a tientas pocas de tus miles de lunas
y me ahogo al encuentro de tus pechos de sal.

Te llevas culminando en mi valle de lagos,
las estrellas de tierra en mi tierra contigo,
cuando de siete mares me quedan sólo cuatro
sé de buscarte y aún,
escondido y a la cara,
sigo.