sábado, noviembre 16, 2002

Nunca regalo sal y si mi descuido la derrama, lanzo más, pa evitar desgracias, agitando el salero por encima del hombro...
Salero tenían aquellas mulatas que hacían bailar al sábado a ritmo de rumba.
La necesidad es la madre de los papelazos.
En un intento por congraciarme con cualquiera de las féminas usé la gracia que no tengo pa lanzar unos pasillos. Creí no hacerlo tan mal hasta que la más fea -como siempre- y mi última oportunidad, decía alto y claro, con garbo remedado:
¡¡Chico, si lo que bailas es rumba, yo soy soviética!!
¡¡Eso sí es estar saláo!! Y conste: sigo sin regalar sal, me cuido de no tirarla y sobra en el piso que piso y en mi hombro.

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