Más que lebrel, ligero y dividido Al esparcir su dulce acometida, Los miembros suyos, anillos y fragmentos, Ruedan, desobedientes son, Al tiempo enemistado. Su vago verde gira en la estación más breve del rocío Que no revela al cuerpo Su oscura caja de cristales. El mundo suave despereza Su casta acometida, Y los hombres contados y furiosos, Como animales de unidad ruinosa, Dulcemente peinados sobre nubes... La mar violeta añora el nacimiento de los dioses, Ya que nacer aquí es una fiesta innombrable, un redoble de tritones y reinando. La mar inmóvil y el aire sin sus aves, Dulce horror el nacimiento de la ciudad Apenas recordada. Las uvas y el caracol de escritura sombría Contemplan desfilar prisioneros En sus paseos de límites siniestros... ¿Puede acaso el granizo armándose en el sueño, siguiendo sus heridas preguntar en la nube o el rostro? Dance la luz reconciliando Al hombre con sus dioses desdeñosos. Ambos sonrientes, diciendo Los vencimientos de la muerte universal Y la calidad tranquila de la luz.