El tatuador
De cuando se rendía culto a "la noble virtud de la frivolidad" recuerdo tu pie desnudo. De ese entonces es el placer de tatuarte una araña que desvanezca tus temores y me haga tu víctima. Sólo deja resbalar tu kimono.
Lo escrito a continuación a veces me pasa a mí y otras lo sufren otros que es como sufrirlo uno en cuerpos sucedidos. Lo que leas aquí no te lo guardes, vete a volar en globo y a quien tengas al lado, cuéntaselo, de parte de la Osa... La novia del Oso.
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